domingo, 9 de abril de 2017

EN LA EXALTACIÓN DEL AMOR

La hoja seca que se desprende en el anonimato del pedúnculo donde nació, es el perfecto símbolo del poder oculto de Dios en la Naturaleza.
Poder que es energía, vida, amor... ¿Quién la cortó?  ¿El Sol? No. ¿El viento? No. ¿El Hombre? No.
La hoja cayó por sí misma, según los dictámenes preestablecidos por las leyes generales del Universo, hacia el seno fecundante de la Tierra que la transforma en un nuevo elemento en el laboratorio de la incesante renovación.
Del mismo modo se mueven los seres y los destinos.  La hoja cae...Los mundos giran.... El hombre evoluciona.... Brilla el Sol, naturalmente, que mantiene a la Familia del Planeta dentro de los dominios de la Casa Cósmica. Avanza sin esfuerzo, el viento que nutre la eclosión de la plantas. Sobre principios de soberana espontaneidad, edifica el hombre su propia existencia. El saber no es todo. Sólo el amor consigue completar la bienaventuranza de la vida. Quien vive respira. Quien trabaja progresa. Quien sabe percibe.Quien ama respira, progresa, percibe, comprende, sirve y sublima, mientras esparce la felicidad.
Prosigue tu derrotero loando el bien, con el olvido del mal en la edificación sin tregua. Si el camino es escabroso y sombrío, prosigue con valentía. Ten presente que en la vanguardia hay más amplio lugar para tu esperanza. Proponte escuchar el mensaje del amor por donde pases. Estudia y ama.
Responde a los mandatos de la evolución, ama donde quiera que te encuentres.
Toma en consideración a tu semejante, ámalo con alegría. Habrás de satisfacerte en todo, si amaras siempre. En la marcha ascendente hacia el Reino Divino, el Amor es el Camino Real. Las demás calles se denominan experiencias que la Eterna Sabiduría, también por amor, delineó para el gran viaje de las almas, a fin de que el espíritu humano no se pierda.
Antes que tú, el amor ya existía. Después de ti, el amor proseguirá. Eso es así porque el Amor es Dios en todo. Vive la vida, ámala para comprenderla. Vivir y amar... Amar y comprender....Comprender y vivir abundantemente.. Aspectos de una verdad única- la Vida Eterna.
No obstante, vivir sin amar es respirar sin una ocupación digna; querer con exclusivismo produce atolondramiento, equivale a contemplar situaciones y circunstancias con prejuicios que generan la enfermedad y la muerte.
Si tú sabes, pues, qué es vivir, ¿por qué no vives? Sólo vive realmente quien ama.
Sólo ama en efecto quien procede a favor del bien general. Sólo procede, sin dudas, a favor del bien general, quien comprende que el amor es la base de la vida misma.
Fuera de esa verdad existe también movimiento y acción, pero movimiento y acción promovidos por la sombra, que se proyectará inevitablemente hacia la luz en ciclos determinados de llanto, pruebas y martirio. Nada nuevo: siempre la Ley, que funciona compasiva pero inexorable, para devolver a cada sembrado la cosecha justa.
Comanda la embarcación de tu destino y no atribuyas a los demás los errores que comentan tus manos. De ti mismo depende tu viaje.
Instrúyete; no pretendas encubrir ante tu conciencia, las faltas que arrojan tu alma a la decepción o al recrudecimiento de las necesidades de tu espíritu. Aunque la noche acompañe tus pasos, alienta en el fondo de tu ser el día eterno de la fe. No te confíes al estilo de la falta de vigilancia, para que la falta de vigilancia no arrastre tu existencia hacia el estilo del sufrimiento.
Antes de nosotros, el Universo era el Santuario de la Gloria Divina. Tengamos en cuenta, entonces, que Dios nos creó para enaltecer su magnitud. No opaquemos su esplendor con el cultivo de las tinieblas..Podremos estafar a la forma. Jamás estafaremos a la vida que palpita triunfal en nosotros mismos. Aprende a averiguar qué es lo que te falta para tu perfeccionamiento, antes de que alguien te lo enseñe al precio de la aflicción. Busca el rumbo correcto antes que otros te ofrezcan, en el  día de tu perturbación, ser los guías de tu dolor.
Energía es poder. Idea es energía. Solamente el amor condiciona el poder para el triunfo de la luz. Ama y avanza. Avanza y triunfa.
Registra hoy tus movimientos al ritmo del trabajo y la oración y de ese modo el mañana llegará con brillo renovado. Sonríe a los trances más difíciles de la ruta y los paisajes próximos y distantes habrán de desplegarse con sonrisas para el alma.
No te detengas más que para recuperar el aliento. Más allá se extiende la ruta del destino. No escuches el murmullo delas sombras sino para socorrer a las victimas del mal, a fin de que los gemidos engañosos de las tinieblas no anestesien tus impulsos ascendentes.
La fraternidad será al mismo tiempo tu ángel y tu centinela en medio de los atolladeros de la amargura.
Canta el poema de la caridad, vayas donde vayas, y aunque estén encadenados al crimen, tus hermanos habrán de responderte con estribillos de amor.
Conserva la compasión, que la paz será tu dulce premio. Ejemplifica la fe que honra a tu inteligencia, y el mundo bendecirá tus palabras. Amanece cada día atento al servicio que te compete y el deber rectamente cumplido te mantendrá, invariablemente, en la mañana luminosa de la vida.
Antes del amparo a ti mismo, concede amparo a quienes hace tiempo que ansían una migaja de tu amparo.
Antes que nuestra voluntad, la voluntad, del Señor. Antes del bien para nosotros, el bien necesario para los otros. Sé para ti mismo la justicia que vigila y corrige, y para tu hermano de jornada sé la bondad que ayuda y absuelve siempre. Sobre todo, alimenta la convicción de que el amor toma forma con la humildad que nunca hiere.
Ubícate en el último lugar y la vida se encargará de tu defensa en todas partes. Aunque sea con sacrificio, bajo una lluvia de amargura y de gritos difamatorios, rinde a diario culto al amor, pues así el amor en tu vida brillará en tu alma y habrá de convertirla en una estrella de la Gloria Imperecedera.
extraído del libro El Espíritu de la Verdad de Chico Xavier por el espíritu André Luiz.

domingo, 12 de febrero de 2017

HONRA A TUS PADRES

Desiste a toda critica y juicio, albergando en tu alma solamente agradecimiento y reconocimiento.
Honra todos los dias las fuentes sagradas de la vida que te crearon y protegieron desde el primer instante. A través de ellos recibistes el vaso sagrado que te abriga el cuerpo bendito en el cual te ejercitas hacia la armonía y la paz expresando la vida que, Dios te dio. Y eso los vuelve dignos eternamente. Mira con amor a tus padres honrandolos con tu gratitud y deja que la fuerza sagrada de su grandeza te abastezca. Desiste de toda critica y juicio, albergando en tu alma solamente agradecimientos y reconocimiento.
No eres victima de nada ni de nadie, porque si estas vivo es gracias a quienes fueron instrumentos de Dios para ti. Honralos siempre, haciendo de tu vida un ejercicio de amor sano y productivo para el bien común y encontraras alegría para tu alma.
Hoy he leído una carta muy interesante que escribía una hija a su madre que desencarnó hace  muchos años. Al tenerla en mis manos me ha dado una alegría tan sana y buena que he pensado pedir permiso a la persona que la escribió, me permite publicarla en mi Blog. Porque es tan interesante y dice tantas cosas a su madre que después de muchos años se da cuenta de lo grande que su Madre era, y la maravillosa mujer que fue.
Esta es la carta:
Hoy es el cumpleaños de  la hermana Luisa  esta desencarnada ya hace 39 años que se fue nos dejo muy tristes, era mi madre en la tierra con la que viví en esta vida terrestre, lo orgullosa que estoy de que haya sido mi madre, tengo tantos recuerdos tan hermosos, me acuerdo  de un día muy señalado en aquellos años, yo tenia que hacer mi primera comunión pero no pude estaba enferma de nefritis (infección en el riñón) ella fue a ver a los niños que la hacían y cuando llego a casa me abrazo y se puso a llorar porque yo no pude estar allí estaba enferma tenia 6 años eso me impactó mucho, hoy ya tengo mis años y todavía lo recuerdo con mucho amor, el Amor que mi madre nos tenia a todos: a mi padre, a mis hermanos y a mi era muy grande, era una madre excepcional sufrió mucho con todo que tenia a su alrededor pero siempre estaba con una sonrisa le hacían daño muchas cosas, pero ella perdonaba y amaba, era un ejemplo de bondad en aquellos años 50, 60 , 70 era una gran trabajadora a acompañaba a mi padre al campo eran campesinos, siempre trabajaba en los trabajos mas duros; cuando llegaba a casa se ponía a hacer la faena de la casa.
Mi madre era una persona buena, bondadosa, humilde, ayudaba a todos cuando lo necesitaban:
los tiempos en los que vivió fueron muy duros y ella siempre estaba dispuesta a ayudar a todos, una mañana se levanto y le había dado una parálisis en la cara boca. pero se levanto y se puso a trabajar porque en casa no le daban otra oportunidad pero lo supero con resignación y amor, yo era muy pequeña, ahora cuando lo recuerdo pienso, Jesús siempre estaba con ella porque la humildad , el amor  que tenia le daban fuerza para estar bien con todos, yo como espirita que soy ahora veo que era muy adelantada para su época, despues de trabajar tanto aún tenia tiempo para leer leía mucho y a mis hermanos y ami procuraba que tambien leyéramos mucho.
Desencarno hace muchos años pero yo la llevo en mi corazón y la quiero como el primer día que la vieron mis ojos era dulce hermosa tenia los ojos azules muy claros era moreno su pelo su piel era blanca y fina, tenia un corazón tan grande que todos estábamos dentro de el tenia una dulzura que todos la querían, pero lo principal es que es mi madre y la llevo en mi corazón no se donde está, porque hace muchos años que desencarno, no se si esta en el Universo  o en la tierra pero donde este le digo: Madre cuanto te quiero
Esta hermosa carta que a escrito una amiga a su madre el día de su cumpleaños y quiso así recordarla le digo gracias amiga ha sido un gran tesoro el que me has dejado plasmar en mi blog.

viernes, 20 de enero de 2017

VIDA DE JESÚS DICTADA POR EL MISMO CAPITULO XV 2ª PARTE

Yo soy el Mesías, hijo de Dios, y os anuncio que este templo se derrumbará, que no quedará piedra sobre piedra de vuestros edificios, una nueva Jerusalén se levantará sobre las ruinas  de la antigua;vuestros descendientes buscarán el lugar donde se ejercitaba vuestro poder y los fastos de vuestro orgullo se desvanecerán como una sombra.
Tanto que me decretéis honores como que me condenéis a morir, mi nombre sobrevivirá a los vuestros y la ley que traigo prevalecerá sobre la que vosotros predicáis sin cumplirla.
Hipócritas, que tenéis la boca llena de miel y el corazón lleno de ira y de odio. Déspotas, asesinos sin fe, vil majada de esclavos encadenados durante la noche, cueva infecta de bestias venenosas despreciable caterva de gente embrutecida y apestada, sois el mundo que está por terminar y yo predico un mundo nuevo, una tierra prometida, la verdad, la justicia y el amor. Intérpretes de un Dios vengativo, implacables proveedores de la muerte, la ciencia de la inmortalidad os dirá a todos, que Dios es bueno y que la vida humana tiene que ser respetada.
En medio de otros excesos del lenguaje, Jesús acusaba a los pobres de seguir una miseria envilecedora, sin combatirla con el trabajo y con el ahorro del trabajo. Deseáis la holgura y pasáis el tiempo en el ocio y en la ebriedad. Detestáis a vuestros patrones, pero envidiáis su fortuna, y si os encontrarais en su lugar, procederíais como ellos, porque no poseéis la fe que proporciona el coraje en medio de la pobreza, y la modestia en medio de la opulencia. Os quejáis del orgullo y crueldad de los ricos y yo os digo que vosotros tenéis el alma enferma y el espíritu pervertido, propio de las naturalezas bajas y celosas.
Los que entre vosotros comprenden la nada de las riquezas y el papel de los pobres, serán los primeros en el Reino de mi Padre; mas, lo repito, puesto que muchas veces lo he dicho: Muchos serán los llamados, pero pocos los elegidos. Baldón para los comerciantes de mala fe; el robo, bajo cualquier nombre que se le cubra, es una falta ante las prescripciones más elementales de la ley divina. Tan sólo la restitución y la caridad pueden descargar la conciencia del depositario infiel,
del mercader desleal, del falsario, del hombre ambicioso e injusto.
Pecadores de todas las condiciones, hombres de todos los tiempos, la moral se encierra en estas palabras: Haced a los demás lo que quisierais que se os hiciera a vosotros.
«¡Atrás, traficantes de las cosas santas en el templo del Señor!».
La casa de mi Padre es una casa de oración y vosotros la convertís en una cueva de ladrones.
Salid, salid os digo, de este lugar de paz y de retiro. Los sacrificios de carnes son impíos; la plegaria es un perfume del alma, un grito del corazón, un arrepentimiento del espíritu, que los ruidos del mundo no podrán acercársele sin alejarlo de Dios.
¡Ay de vosotros y de todos los que torcerán de su verdadero objetivo las obras del Creador! ¡Ay de vosotros y de todos los que conviertan la devoción en un medio para adquirir fortuna temporal!.
La voz de Jesús tomaba entonces una entonación vibrante y sus ademanes se volvían amenazadores. En ninguna época de su vida de apóstol encontró tanta amargura en su alma y tanta indignación en su espíritu al revelar las vergüenzas de la humanidad, armándose en contra de ella con las prerrogativas que le daban su misión y la ciencia divina.
Sois débiles y feroces. A la ignorancia de la juventud añadís la perversidad del orgullo, del avaro, del ambicioso, del disoluto, del asesino.
«¡Peleáis por la gloria ajena! ¿Qué es esta gloria?». Una espantosa demencia, un monstruos asesinato.
«¡Adoráis un dios! ¿Quién es este dios?».
Una imagen formada por espíritus en delirio, un ídolo a menudo furioso, siempre fácil para tranquilizarlo, accesible a todas las quejas, dispuesto a todas las concesiones. Un ídolo vestido con vuestros mismos vicios. Los altares de vuestro dios están inundados de sangre y vosotros le dedicáis
hasta sacrificios humanos.
¡Ah! ¡Me causáis horror! Me empeño por adelantar el momento de mi muerte, sabiendo bien que ella será dolorosa, y que después yo me veré libre de vuestro parentesco, rota una hermandad que me es odiosa, y entraré en la gloria de mi Padre.
Pondréis en desnudez mi cuerpo, para alegrar vuestras miradas, someteréis a la suerte mis ropas para que pueda decirse que nada mío habéis dejado a mis siervos. Éstos desaparecerán y moriré abandonado por los hombres, puesto que está dicho: el Mesías morirá ignominiosamente; el Cielo y la Tierra guardarán silencio.
No creáis que yo tengo temor a la muerte; más bien me asusta vuestro porvenir. No penséis que yo abrigue las intenciones de librarme de vuestros odios, mas comprended y recordad esto: Yo volveré después de mi muerte. Los que me reconozcan serán perdonados. Le corresponde al hijo de Dios levantar al pecador y bendecirlo, de facilitar el arrepentimiento y de proteger a los débiles.
Hermanos míos, la palabra de Jesús se hace sentenciosa y profética a medida que él se va acercando hacia el término de su vida terrestre, al mismo tiempo que sus afirmaciones se ven, mayormente libres del temor por las persecuciones y por las preferencias de su espíritu a favor de los desheredados. Anunciando él mismo la resurrección de su espíritu y prometiendo su participación en los progresos de la familia humana, dictaba su sentencia de muerte. Sus amigos, desde luego demasiado tímidos y descorazonados por la confusión de los espíritus, se sintieron impotentes ante esta terrible imputación.
Se ha declarado Dios. Todos lo han oído. Tiene que morir.
Determinemos la confusión de los espíritus y hagamos distinción entre los partidarios y defensores de Jesús. Los partidarios de Jesús amaban al hombre y habrían querido salvarlo del peligro inherente a las prerrogativas del Mesías. Los defensores de Jesús deducían con pruebas su superioridad y las demostraciones como apóstol; mas esta superioridad cada uno la explicaba a su modo y la lógica resultaba sacrificada a menudo ante el espíritu de partido y de disputas.
Los unos ignoraban la doctrina que le había proporcionado a Jesús sus más hermosas definiciones de la grandeza de Dios y lo tomaban por un Ser sabio, cuya vida había transcurrido en el estudio de las leyes orgánicas y de las dependencias de éstas. Admiraban el ardiente profesor de moralidad tan pura, mas rechazaban todo cuanto les parecía salir del círculo de los descubrimientos permitidos a la inteligencia del hombre. El destino humano después de la muerte corporal era para ellos un
misterio que nadie podía penetrar. Atacando este misterio yo me convertía en reformador ante sus ojos, sosteniendo mis convicciones me volvía en un fanático para aquellos que no estaban en condiciones de comprenderme. Otros conocían las fuentes de mi ciencia, pero no reconocían a esta ciencia el poder de establecer demostraciones tan absolutas y tachaban de orgullosa pretensión mis alianzas de espíritus con espíritus más elevados.
Los primeros tenían la franqueza de sus opiniones, los últimos mezclaban a la consagración de un hecho innegable, las reticencias de espíritus estrechos y celosos.
Los defensores reales de Jesús eran al mismo tiempo sus partidarios más instruidos.Hemos nombrado a José de Arimatea, Nicodemo, Marcos y Pedro. En los últimos días que pasé en Betania, Pedro y José recibieron de mí instrucciones definitivas respecto a lo que tenían que hacer después de mi muerte. Demostrar mi mensaje divino a estos dos depositarios de mi última voluntad era mi constante preocupación. Que desmerezcan no más en el cumplimiento de su misión, decía yo, pero que estén convencidos de mi resurrección espiritual, y esta doctrina, endeble como ellos al principio, se consolidará. ¡Oh, sí! El porvenir tendrá la cosecha de todo lo que yo recogí y puse en evidencia. El porvenir verá a nobles espíritus combatir lo que yo he combatido y poner en práctica lo que enseño, y yo me convertiré en su apoyo como los que me llevaron la delantera lo hicieron conmigo, a fin de dar perseverancia a la acción, la calma y la fuerza en medio de los vendavales».
Hasta otro día que seguirá la vida de Jesús tan emocionante como es y tan hermosa.

domingo, 15 de enero de 2017

NATURALIDAD

Busque actuar con naturalidad en todo lo que haga. Ser natural es la condición que  buscan muchísimas personas que ya entendieron que esa es la mejor forma de vivir.
Con naturalidad, podemos hablar, pensar y hacer, sin herir ni confundir a nadie, y mucho menos a nuestra propia forma de ser.  Dejar de ser natural es el proceso por el que se identifica el aparentar lo que no se es o lo que aún no es. Si una persona quiere ser vista como si fuese rica, poderosa, inteligente, humilde, caritativa, bondadosa, comprensiva, simpática, aceptada, entendida en un determinado asunto, y así  sucesivamente, perderá la naturalidad- riqueza personal, que jamás puede ser quitada por nadie. Alguien que quiere ser visto "como si", es porque todavía no lo es. Esta búsqueda de aparentar, en vez de buscar ser, es lo que le quita la naturalidad a la persona. Quitándole finalmente la paz, la tranquilidad y la salud.
La aprensión que empieza a vivir es tan grande que roba las energías de la persona, cansándola hasta el punto de desarrollar una fatiga crónica, ya que podemos considerar la no naturalidad como una bola de nieve, que ademas de fría, va aumentando a medida que rueda, causando, al final, una verdadera avalancha.
Avalancha, en ese sentido, quiere decir: aquellos momentos en que, sucesivamente, vamos atrayendo
 una enfermedad detrás de otra, hasta que dejamos de querer aparentar y empezamos a ser naturalmente lo que somos: hijos de Dios.
texto de salud en plenitud de Lindomar Coutinho por el espíritu Dr. Hans.

jueves, 8 de diciembre de 2016

CIRUGÍA DEL ALMA

Profundiza la incisión con el bisturí del auto- conocimiento..
Si aspiras a una paz profunda, procede a hacer una cirugía moral en tu vida interior, buscando extirpar de ti  los elementos que te enferman y te perturban. Profundiza la incisión con el  bisturí del autoconocimiento, hasta que alcances las capas más esenciales de tu ser.
En el análisis de ti mismo,  busca separar aquello que procede de la acción y lo que proviene de la reacción, a partir del estudio de tus posturas y de la percepción de las situaciones que las originan.
Organiza tus creencias sacando de la vida mental los pensamientos limitantes que te unen a círculos de repetición sin fin.
Aplica en tu alma el suero de la esperanza y el bálsamo de la confianza y entrégate a la divina  sabiduría esperando en el tiempo la resolución de aquello que no depende de ti.
Cierra las heridas de tu corazón, con el cuidado de las curaciones diarias de la paciencia, ternura, compasión y amor para que te conecten permanentemente al auto- perdón y al perdón al prójimo, estableciendo la paz en ti.
Toma todos los dias las píldoras del afecto,  de la generosidad y de la fraternidad, percibiendo más allá de ti mismo los dolores que te rodean la existencia a fin de ampararlos, minimizándolos con tu dedicación amorosa,a partir de la activación de las potencias del alma que te inundan la esencia.
Procediendo así, encontrarás descanso para tu alma y paz para tus días en la fuerza permanente
llena del amor que cura y restablece, reconectándote con la presencia de Dios en ti.
extraído del libro píldoras de Esperanza de Andrei Moreira y por el espíritu Días da Cruz.

viernes, 4 de noviembre de 2016

VIDA DE JESÚS DICTADA POR EL MISMO XV 1ª PARTE


Sigo con la vida de Jesús, tan interesante y emocionante que es para mi un balsamo de amor.
La gracia es el beneficio de la fuerza; la fuerza resulta del progreso del espíritu, y todos los espíritus se elevan mediante las pruebas de la vida carnal, cuando comprenden sus enseñanzas. Jesús, desde la felicidad espiritual, hacia la cual lo llevaron los oprobios humanos, tuvo que preparar sus derechos a una gloria cada vez más luminosa, así les sucederá a todos los que llegan al desarrollo de las fuerzas
por medio de la voluntad.
En este capítulo, hermanos míos, tendremos que exponer la doctrina pura de Jesús, haciendo notar las manchas impresas en esta doctrina por los sucesores de Jesús y por él mismo en su última estada en Jerusalén.
Rodeado en Betania de sus amigos más queridos, Jesús no les abrió lo bastante el camino del porvenir mediante un amplio desarrollo de su doctrina y en Jerusalén cometió el error de no erigirse el fundador de una nueva religión. Jesús tenía que haber repudiado toda cohesión con el pueblo judío y morir afirmando su fe sobre otros principios, que no eran los de la ley mosaica.
Las palabras de sentido ambiguo, las parábolas desprovistas de elevación, porque derivaban de la vida exacta y regular de pueblos laboriosos, los discursos oscuros, la sublime teoría de la igualdad, de la fraternidad, de la libertad individual, que parecía hasta entonces urdida con poca habilidad a la organización viciosa e incorregible de la sociedad humana, todo tenía que desaparecer e iluminarse en
medio de los últimos preparativos de la separación. ¡Ay de mí! Dios fue testigo de los dolores de mi alma, de los arrepentimientos de mi espíritu; mas Él consoló mi alma con su fuerza y reservó para mi espíritu el encargo de un perfecto cumplimiento. ¡Me complazco de las tinieblas al salir de las deslumbradoras luces! ¡Quiero desafiar el desmentido brutal y después de haber dejado los efluvios del amor independiente y generoso, me entrego a la humanidad terrestre para desmenuzar sus cadenas y mostrarles a su Creador!.
Coloquemos debajo de nuestros ojos las semejanzas que existen entre la época de las pruebas humillantes de Jesús y los tiempos de espantosas y convulsivas torturas del estado social. La desconfianza del pueblo de Jerusalén se apoyaba en las pruebas que se le daban respecto a mis contradicciones. Mi firmeza en rechazar toda participación en los hechos milagrosos que se me habían atribuido, influyó aún más para aumentar la desconfianza del pueblo. ¿Por qué, repetía el pueblo, permitió él que se le presentara como un sanador inspirado, mientras afirma ahora no haber
sanado a nadie de un modo sobrenatural?.
José y Andrés se atribuían el honor, por burla, de ser los hijos de Dios. María, mi madre, parecía oprimida por la vergüenza y el disgusto. Las mujeres que me acompañaban temblaban presentándome un resguardo con sus cuerpos, y mis nuevos amigos se interponían entre la multitud irreverente y mis discípulos de Galilea. Tales fueron los preliminares de una justicia que se hizo fuerte con el gran nombre de Dios, para luchar en contra de su Mesías y en contra de los intereses de su pueblo,
para abatir al defensor del pueblo.
Hoy, hermanos míos, la doctrina de Jesús, mal comprendida en principio, tanto por la natural debilidad de Jesús, como por efecto de sus más celosos defensores, la doctrina de Jesús, repito, es mal conocida hasta el punto  de que Jesús es un Dios para algunos, un loco para otros y un mito para la mayoría. Los hombres que se creen capaces de dirigir a la humanidad, discuten el poder soberano o no hablan de él jamás; los de espíritu más independiente se inutilizan en las orgías, o dan muestras de sí con acciones miserables, los menos irreligiosos sostienen todas las instituciones en oprobio al Dios de amor y de paz, y la negación de mi presencia aquí descansa en la pretendida imposibilidad de las relaciones espirituales.
 En este dédalo de negras herejías, de despreciables defecciones, de absurdos errores, domina como en los días de la revuelta del pueblo de Jerusalén en contra de Jesús, el loco orgullo de las pasiones inconscientes y el desafío de delincuentes concupiscencias.
Jesús preparado para la lucha y profundamente convencido de su misión divina, hacía depender demasiado su coraje del coraje de los que él amaba y la idea democrática bebida por él en un sentimiento religioso exaltado, pero razonado, no se levantaba lo suficiente por encima de las alegrías del corazón. La ingratitud, el abandono, la calumnia, llenaron el alma de Jesús de una pretenciosa compasión y sellaron sus labios cuando justamente hubiera sido de la mayor habilidad, el anunciar
la religión universal a todos los pueblos de la Tierra.
En este momento Jesús mira hacia la humanidad, presa toda ella en parte del ateísmo y en parte de la superstición y por más que él se sienta tan golpeado por los escépticos como por los relajados y por los hipócritas, permanece impasible en el poder de la idea, en la fuerza de la acción, las que no están ya sujetas a las debilidades de la naturaleza humana. El amor se vuelve una fuerza de entidad
espiritual, y si de la enseñanza práctica de su vida de abnegación, Jesús no pudo recabar los honores populares con que contaba, no por eso resulta menos el dulce apoyo de los pobres y de los humildes, el juez severo de los prevaricadores y de los conquistadores.
Dictemos los principales pasajes de las últimas predicaciones de Jesús y sacaremos en consecuencia que las falsas estimaciones provienen, sobre todo, de las omisiones y de las referencias apócrifas.
Cuando él quiso dar testimonio de su prestigio de hijo de Dios en Jerusalén, pronunció estas palabras: Yo soy aquel que mi Padre enviara para daros su ley; quien quiera que me siga verá a Dios. Yo camino por el sendero de la verdad y la luz resplandece en mí.
Pedid y se os dará, buscad y encontraréis. Ello quiere decir que Dios es una ciencia y contesta a los que trabajan. Estudiad el origen de los males y el de los beneficios y reconoceréis la justicia de Dios.
Alejaos de los vicios y de los ruidos de la Tierra para interrogar a Dios y escuchar lo que os contestará.
Yo soy el hijo de Dios, pero este honor fue merecido por mí y os digo: Todos los hombres de buena voluntad pueden llegar a ser los hijos de Dios.
No me preguntéis adónde voy y de dónde vengo. Tan sólo mi Padre conoce mi porvenir, y mi pasado permanece secreto para mí, mientras el polvo que envuelve mi espíritu se mezcla con el polvo de los muertos.
Destruid en vosotros al hombre viejo y dejad hablar al hombre nuevo. Mientras quede en vosotros algo del hombre viejo, las pasiones serán las más fuertes y el viento soplará sobre vuestros proyectos.
Humillaos delante de Dios y no busquéis la dominación entre los hombres. Arrojad lejos de vosotros las cosas inútiles y cumplid la ley del amor.
Disminuid vuestros gastos para socorrer a los pobres; el que todo lo haya dado a los pobres será rico delante de Dios. Levantad lejos de aquí vuestra vivienda, puesto que, os lo digo, el hombre es pasajero sobre la Tierra. Su familia lo espera; su familia lo seguirá en otro lugar y tendrá aún que trabajar para reparar las pérdidas presentes.
No debilitéis vuestra fe con investigaciones estériles, con un estancamiento más estéril aún, mas practicad los mandamientos de Dios y la luz os llegará, puesto que la luz es una mirada de Dios.
Todo el que cumpla con la ley y desee la luz conquistará la ciencia, no esa ciencia banal que concluye con todas las cosas de este mundo, sino otra ciencia que lo explica todo.
Felices los que comprenderán estas palabras. Felices los hombres de buena voluntad, el Reino de mi Padre les pertenecerá.
Ante estos sermones, ajenos a toda ortodoxia, los doctores de la ley me amenazaron con cerrarme las puertas del Templo. Si el pueblo me hubiera parecido deseoso de conocer la definición de la ciencia y de la luz de las que hablaba, yo habría desafiado la prohibición y habría hecho valer los derechos de un profesor religioso, que no atacaba ninguno de los dogmas reconocidos, pero las malas disposiciones del pueblo me sorprendieron y resolví retirarme a Betania.
Durante el período transcurrido entre la primera defección del pueblo y los actos atroces de que el mismo pueblo fue autor, Jesús no puso ya límites a sus expresiones y el mismo sentimiento de su elevación le inspiraba arranques de furor y profecías de desastres. Él fustigaba a su gusto a los que llamaba los hipócritas y los perversos, y señalaba con anticipación, casi como para oprimirlos después con el terror, a los frágiles en el amor, a los indecisos en la fe, a los desconfiados, a los
ingratos, a toda esa masa de ignorantes y viles que habían de oprimir su cuerpo, sembrar la indecisión en su alma y debilitar casi su confianza en Dios.
Sois sepulcros blanqueados que la herrumbre y los gusanos corroen su interior. Poseéis ropas, los pobres se encuentran desnudos, y os reís cuando los niños lloran de frío y de hambre.
Andáis publicando a gritos vuestras obras, mientras en el interior de vuestras casas se esconden la orgía y el delito. Denunciáis ante el mundo a la mujer adúltera y engañáis a Dios con las apariencias de castidad, mientras vuestro espíritu se encuentra turbado por deseos impuros y ambiciones deshonestas. Condenáis el vicio de los pobres pero guardáis silencio respecto a los escandalosos desórdenes de los emperadores y de la vergonzosa servidumbre de los cortesanos.
Os llamáis los sacerdotes de Dios, los privilegiados del Señor y amontonáis riquezas sobre riquezas e incensáis a los déspotas y conquistadores. Yo soy el Mesías, hijo de Dios, y os anuncio que este templo se derrumbará, que no quedará piedra sobre piedra de vuestros edificios, una nueva Jerusalén se levantará sobre las ruinas de la antigua; vuestros descendientes buscarán el lugar donde se ejercitaba vuestro poder y los fastos de vuestro orgullo se desvanecerán como una sombra.
Tanto que me decretéis honores como que me condenéis a morir, mi nombre sobrevivirá a los vuestros y la ley que traigo prevalecerá sobre la que vosotros predicáis sin cumplirla.
Hipócritas, que tenéis la boca llena de miel y el corazón lleno de ira y de odio. Déspotas, asesinos sin fe, vil majada de esclavos encadenados durante la noche, cueva infecta de bestias venenosas, despreciable caterva de gente embrutecida y apestada, sois el mundo que está por terminar y yo predico un mundo nuevo, una tierra prometida, la verdad, la justicia y el amor. Intérpretes de un Dios vengativo, implacables proveedores de la muerte, la ciencia de la inmortalidad os dirá a todos,
que Dios es bueno y que la vida humana tiene que ser respetada.

jueves, 13 de octubre de 2016

MARÍA MADRE DE JESÚS 2ª PARTE

Sigo con la segunda parte de esta bella historia.
El título de maternidad hacía vibrar en su espíritu los más dulces cánticos. Diariamente, llegaban los desamparados, suplicando su asistencia espiritual. Eran viejos enclenques y desengañados del mundo, que venían a oír sus palabras confortadoras y afectuosas, enfermos que invocaban su protección, madres infortunadas que pedían la bendición de su cariño.
"Madre mía decía uno de los más afligidos ¿cómo podré vencer mis dificultades? Me siento abandonado en el oscuro camino de la vida."
María le enviaba la amorosa mirada de su bondad, dejando en ella aparecer toda la tierna dedicación de su espíritu maternal. "Eso también pasa! decía ella, cariñosamente sólo el Reino de Dios es lo bastante fuerte para nunca pasar de nuestras almas, como eterna realización del amor celestial".
Sus palabras ablandaban el dolor de los más desesperados, tranquilizaban el oscuro pensamiento de los más desanimados.
La iglesia de Efeso exigía de Juan la más alta expresión de sacrificio personal, por lo que, con el pasar del tiempo, casi siempre María estaba sola, cuando la humilde legión de los necesitados bajaba el promontorio desordenado, rumbo a los hogares más confortados y felices. Los días y las semanas, los meses y los años pasaron incesantes, trayéndole los recuerdos más tiernos. Cuando sereno y azulado, el mar hacía que volviese a su memoria el distante Tiberíades. Sorprendía en el aire aquellos vagos perfumes que llenaban el alma de la tarde, cuando su hijo, de quien ni un instante se olvidaba, reuniendo a los discípulos amados, transmitía al corazón del pueblo las lozanías de la Buena Nueva. La edad avanzada no le trajo ni cansancios ni amarguras. La seguridad de la protección divina le proporcionaba consuelo ininterrumpido. Como quien atraviesa el día en labores honestas y provechosas, su corazón experimentaba grato reposo, iluminado por la luz de la esperanza y por las estrellas fulgurantes de la creencia inmortal. Sus meditaciones eran suaves coloquios con las remembranzas del hijo muy amado.
Súbitamente recibió noticias de que un periodo de dolorosas persecuciones se había abierto para todos los que fuesen fieles a la doctrina de su Jesús divino. Algunos cristianos expulsados de Roma traían a Efeso las tristes informaciones. En obediencia a los más injustos edictos, se esclavizaban a los seguidores de Cristo, se destruían sus hogares y eran sujetos a hierros en las prisiones. Se hablaba de fiestas públicas, en que sus cuerpos eran ofrecidos como alimento a fieras insaciables, en horroro espectáculos.
Entonces, en un crepúsculo lleno de estrellas, María se entregó a sus oraciones, como de costumbre, pidiendo a Dios por todos aquellos que se encontrasen en angustias del corazón, por amor a su hijo.
A pesar de la soledad del ambiente no se sentía sola: una especie de fuerza singular le bañaba toda el alma. Brisas suaves soplaban del océano, extendiendo los aromas de la noche que se poblaba de astros amigos y afectuosos, participando en pocos minutos, igualmente la luna, en ese concierto de armonía y de luz. Concentrada en sus meditaciones, María vio que se aproximaba el bulto de un mendigo.
Madre mía exclamó el recién llegado, como tantos otros que recurrían a su cariño, vengo a hacerte compañía y recibir tu bendición.
Maternalmente, ella lo invitó a entrar, impresionada con aquella voz que le inspiraba profunda simpatía. El peregrino le habló del cielo, confortándola delicadamente. Comentó las bienaventuranzas divinas que aguardan a todos los devotos y sinceros hijos de Dios, dando a entender que comprendía sus más tiernas nostalgias del corazón. María se sintió asaltada por especial sorpresa. ¿Qué mendigo sería aquél que calmaba los dolores secretos de su alma nostálgica, con bálsamos tan dulces? Hasta entonces nadie había surgido en su camino para dar; era siempre para pedir alguna cosa. No obstante, aquel viajero desconocido derramaba en su interior los más santos consuelos. ¿¡Dónde había ella escuchado en otros tiempos aquella voz delicada y cariñosa?! ¿Qué emociones eran aquellas que hacían pulsar su corazón con tanta caricia? Sus ojos se humedecieron de ventura, sin que consiguiese explicar la razón de su tierna emotividad.
Fue cuando el huésped anónimo le extendió las manos generosas y le dijo con profundo acento de amor: "¡Madre mía, ven a mis brazos!"
En ese instante, observó las manos nobles que se le ofrecían, en un gesto de la más bella ternura. Tomada de profunda conmoción, vio en ellas dos llagas, como las que su hijo revelaba en la cruz y, por instinto, dirigió la mirada ansiosa para los pies del peregrino amigo, divisando también allí las úlceras causadas por los clavos del suplicio. No pudo más. Comprendiendo la visita amorosa que Dios le enviaba al corazón, exclamó con infinita alegría:
"¡Hijo mío! ¡Hijo mío!  ¡Las úlceras que te hicieron!.."
Y precipitándose hacia él, como madre cariñosa y desvelada, quiso cerciorarse, tocando las herida que le fue producida por el último lancetazo, cerca del corazón. Sus manos tiernas y solícitas lo abrazaron en la sombra visitada por los rayos de la luna, buscando impacientemente la úlcera que tantas lágrimas provocó a su cariño maternal. La llaga lateral también allá estaba, bajo la caricia de sus manos. No consiguió dominar su intenso júbilo. en un ímpetu de amor trató de hacer el movimiento de arrodillarse. quería abrazarse a los pies de su Jesús y besarlos con ternura. El, sin embargo, cercado de un halo de luz, la levantó y se arrodilló a sus pies, y besándole las manos, dijo en cariñoso transporte: "¡Sí madre mía, soy yo!. Vengo a buscarte, pues mi padre quiere que seas en mi reino la Reina de los Ángeles."
María osciló, tomada de inexprimible ventura. Que ría hablar de su felicidad, manifestar su agradecimiento a Dios; pero el cuerpo como que se le paralizó, mientras a sus oídos llegaban los suaves ecos de los  saludos del Ángel, como si se entonasen mil voces cariñosas, entre las armonías del cielo.
Al otro día, dos mensajeros humildes bajaban a Éfeso, de donde regresaron con Juan, para asistir a los últimos instantes de aquella que era para ellos la devota Madre Santísima. María ya no hablaba. En una inolvidable expresión de serenidad, por largas horas aún esperó la ruptura de los últimos lazos que la prendían a la vida material.
La alborada desdoblaba su hermoso abanico de luz cuando aquella alma electa se elevó de la tierra, en donde tantas veces llegó a llorar de júbilo, de nostalgia y esperanza. No veía más a su hijo bien amado, que con seguridad la esperaría, con las bienvenidas, en su reino de amor; pero, extensas multitudes de seres angelicales la cercaban cantando himnos de glorificación.
Sintiendo la sensación de estarse alejando del mundo, deseó rever Galilea con sus sitios preferidos. Bastó la manifestación de su voluntad para que la llevasen a la región del lago Genesareth, de maravillosa belleza. Revió todos los cuadros del apostolado de su hijo y, sólo ahora observando el paisaje desde lo alto, notaba que el Tiberíades, en sus suaves contornos, presentaba la forma casi perfecta de una citara. Entonces recordó, que en aquél instrumento de la Naturaleza Jesús cantó el más bello poema de vida y amor, en homenaje a Dios y a la humanidad. Aquellas aguas mansas, hijas del Jordán caudaloso y tranquilo, había sido las cuerdas sonoras del cántico evangélico.
Duces alegrías invadían su corazón y ya la caravana espiritual se disponía a partir, cuando María recordó a los discípulos perseguidos por la crueldad del mundo y deseó abrazar a los que permanecerían en el valle de las sombras,  en espera de las claridades definitivas del Reino de Dios.
Emitiendo ese pensamiento, imprimió nuevo impulso a las multitudes espirituales que la seguían de cerca. en pocos instantes, su mirada divisaba una ciudad soberbia y maravillosa, extendida sobre colinas adornadas de carros y monumentos que provocaron su asombro. Los más ricos mármoles resplandecían en las magnificas vías públicas, en donde las literas patricias pasaban sin cesar, exhibiendo joyas y pieles, sustentadas por esclavos miserables. Después de algunos momentos su mirada descubría otra multitud trancada a hierro en oscuros calabozos. Penetró las sombrías cárceles del Esquilino, donde centenares de rostros amargados retrataban atroces padecimientos. Los condenados experimentaron en el corazón un consuelo desconocido.
María se aproximó a uno por uno, participó de sus angustias y oró con sus plegarias, llenas de sufrimiento y confianza. Se sintió madre de aquella asamblea de torturados por la injusticia del mundo.
Extendió la claridad misericordiosa de su espíritu entre aquellas fisonomías, pálidas y tristes. Eran ancianos que confiaban en Cristo, mujeres que por él habían despreciado el confort del hogar, jóvenes que depositaban en el Evangelio del Reino todas sus esperanzas. María les alivió el corazón y, antes de partir, deseó sinceramente dejarles en los espíritus abatidos un recuerdo perenne. ¿Qué poseía para darles? ¿Debería suplicar a Dios para ellos la libertad? ¡Pero, Jesús había enseñado que con él, todo yugo es suave y todo fardo ligero, pareciéndole mejor la esclavitud con Dios que las falsas libertad en los desvaríos del mundo. Recordó que su hijo dejó la fuerza de la oración como un poder sin contraste entre los discípulos amados. Entonces, rogó al Cielo que le brindase la posibilidad de dejar entre los cristianos oprimidos la fuerza de la alegría. Fue cuando, aproximándose a una joven encarcelada, de rostro descarnado y flaco, le dijo al oído.
"¡Canta hija mía! ¡Tengamos buen ánimo!. ¡Convirtamos nuestros dolores de la tierra en alegría para el Cielo!." La triste prisionera nunca sabría comprender el por qué de la emotividad que le hizo vibrar súbitamente el corazón. De ojos estáticos, contemplando el luminoso firmamento, a través de los fuertes barrotes, ignorando la razón de su alegría, cantó un himno de profundo y tierno amor a Jesús, en que traducía su gratitud por los dolores que le eran enviados, transformando todas sus amarguras en consoladoras rimas de júbilo y esperanza. De allí a instantes, canto melodioso era acompañado por las centenas de voces de los que lloraban en la cárcel, aguardando el glorioso testimonio.Luego la caravana majestuosa condujo al Reino del Maestro la bendita entre las mujeres y, desde ese día, en los más duros tormentos, los discípulos de Jesús han cantado en la Tierra, expresando su buen ánimo y su alegría, guardando la suave herencia de nuestra Madre Santísima.Por esta razón, mis hermanos, cuando escuchareis el cántico de los templos de las diversas familias religiosas del Cristianismo, no os olvidéis de hacer en el corazón un blando silencio, para que la Rosa Mística de Nazaret extienda allí su perfume.
Termina este maravilloso capitulo de María Madre de Jesús. que nos a envuelto en un bálsamo de Amor y Paz a nuestros corazones.